lunes, 14 de mayo de 2012

NO PODEMOS JUZGAR INJUSTAMENTE

Hace unos días tuve una pequeña discusión con un amigo debido a una situación que se dio, y en la que le juzgué precipitadamente. En cuanto me di cuenta de mi error lo arreglé, pero muchas veces, debido al orgullo de algunas personas después de darse cuenta que no llevan la razón no quieren dar el paso para pedir perdón. Es muy importante saber reconocer que nos hemos equivocado y remendar nuestros errores cometidos.


Hoy he ido a ver a mis primos y por casualidad he visto este cuento que me ha recordado a la situación que tuve hace unos días con mi amigo, y me ha parecido una buena entrada para compartir con mis lectores.

Una noche estaba una mujer en un aeropuerto esperando varias horas antes de que partiera su próximo vuelo. Mientras esperaba compró un libro y un paquete de galletas para pasar el tiempo. 

Buscó un asiento y se sentó a esperar. Estaba muy absorta leyendo su libro, cuando de repente notó que el joven que se había sentado a su lado estiraba la mano, con mucha frescura agarraba despreocupadamente del paquete de galletas que estaba entre ellos y comenzaba a comérselas, una a una. No queriendo hacer una escena ella trató de ignorarlo. 

Un poco molesta la señora comía las galletas y miraba el reloj, mientras que el joven ladrón de galletas, sin vergüenza casi también se las estaba acabando. 

La señora se empezó a irritar más y pensó para sí misma: 

"Si no fuese yo tan buena y educada, ya le hubiera dejado un moretón en el ojo a este atrevido" 

Cada vez que ella comía una galleta, él también comía otra. El diálogo de sus miradas continuó y cuando sólo quedaba una, se preguntó que haría él.

Con suavidad y con una sonrisa nerviosa, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, la partió en dos y le ofreció una mitad a la señora mientras él comía la otra mitad. 

Ella tomó la media galleta bruscamente de su mano y pensó: 

¡Qué hombre más insolente! ¡Qué mal educado! ¡Ni siquiera me dio las gracias! 

"Nunca antes había conocido a alguien tan fresco..." 

Suspiró con ansias cuando su vuelo fue anunciado. Tomó sus maletas y se dirigió a la puerta de embarque rehusándose a mirar en dirección donde estaba sentado aquel ladrón ingrato. 

Después de haber abordado el avión y estar sentada confortablemente, buscó otra vez su libro que ya casi había terminado de leer. 

Al buscar su libro dentro su bolsa se quedó totalmente sorprendida cuando encontró su paquete de galletas casi intacto. 

"Si mis galletas están aquí, las otras eran suyas, y él trató de compartirlas conmigo." 

Demasiado tarde para pedirle disculpas al joven, se dio cuenta con mucho pesar, que ella había sido la insolente, la mal educada, la ladrona y no él. 



En esta ocasión, el cuento intenta transmitirnos un mensaje relacionado con la percepción errónea que podemos tener de nuestra realidad o verdad, llevándonos a juzgar a las personas, incluso a veces sin conocerlas.

En ocasiones juzgamos injustamente a los demás al creer que nosotros poseemos "la verdad" y en realidad, nos estamos equivocando. Nuestros errores también nos llevan a tener una percepción errónea de lo que nos rodea, y por ello, es importante reconocer cuando nos hemos equivocado. Si no lo hacemos, nuestra percepción seguirá siendo errónea y seguiremos viendo a aquel "ladrón de galletas" como mala persona.

Así son los prejuicios que cada persona tiene cuando no conocemos toda la verdad, crueles e injustos; Aunque siempre quedará el poder reconocer que nosotros cometimos el error e intentar arreglarlo.


Para finalizar decir que es muy importante en nuestra profesión no juzgar a nadie por sus actos, y debemos ponernos en el lugar de la otra persona en todo momento, para así poder entenderlo y encaminar sus acciones para que se de un buen desarrollo propio. Conocer a la persona deja ver muchas más cosas de las que puedes imaginar y no porque te gusten más o menos debes de juzgar a nadie, ya que somos personas y debemos de respetarnos.


Antes de hablar, escucha. Antes de gastar, gana. Antes de criticar, espera. Antes de abandonar, intenta. Arthur Ward
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario